viernes, noviembre 21, 2008

Fundamentalismos

Un gato pasó junto a una gran asamblea de perros. Su líder decía:

- ¡Hermanos! Recemos juntos y pidamos que el Gran Dios Perro nos envíe del cielo buenos y abundantes huesos.

El gato se alejó de allí pensando:

- ¡Estúpidos idólatras! ¡Ignorantes infieles! ¿Cómo es posible que recen ese dios de paganos, y no al Gran Dios Gato, y cómo es posible que en lugar de huesos no pidan ratones?

2 comentarios:

Cándida dijo...

Es tal el desaliento ante los fundamentalistas...

ana dijo...

No, no sabemos a quién es mejor orar, ni cómo se reparte el tiempo entre perros y gatos, , pero si cómo lo hacemos los humanos: nos estacionamos.

A algunos, cuando se nos llama necios a la cara se nos acobarda el ánimo. Ánimo, quien nos menea, nos inunda de tristeza otoñal pensando en el gélido invierno, y no quiero, me rebelo, que si no fuera porque nos gusta la dulce y alegre primavera no llegaríamos a la altura veraniega, y así, vivir una vida entera.

Buscando el reflejo del eco estacionado.