miércoles, abril 29, 2009

Lectura ecológica

Leer libros de papel protege el medio ambiente.

El CO2 absorbido por un árbol permanece en los libros que se fabrican con su madera. Un kilo de papel almacena 1,3 kilos de CO2.

Por lo tanto una gran biblioteca es un gran almacén de CO2.

Y un gran lector, un gran ecologista (siempre que los árboles talados sean repuestos por otros árboles jóvenes, que crezcan y absorban ceodós.

sábado, abril 25, 2009

Himalayas

Latidos,

lentos latidos,

doblemente sordos, en el ir

y el volver, el intermedio.

El océano de la noche, y las montañas

nevadas.

El pálido lunar en el espacio

desde hace millones de años.

Latidos,

que miran.

El eco de los aludes nocturnos.

viernes, abril 17, 2009

Las tierras puras


miércoles, abril 15, 2009

Agradece

Privaciones y contrariedades. Recuerda que el Quijote se escribió en una cárcel.

sábado, abril 04, 2009

La paz

Se origina con la fluidez de las cosas.

El plano infinito (IV y último)

Holm terminó su relato. Su mirada ausente se dirigía hacia el techo de color neutro de la habitación. Ada respetó pacientemente su silencio. Unos minutos después, Holm encogía los hombros, dando a entender que no recordaba nada más.

- Luego, mi conciencia se nubló, antes de salir del coma. Lo demás, ya lo conoce.

Volvió a guardar silencio, sosteniendo sin reservas la mirada escrutadora de Ada. Esta, segundos después, cogió un bolígrafo y acercándose a la mesa apuntó unas palabras en un papel. Luego volví a apoyarse en el respaldo de su butaca, emitiendo un largo suspiro.

- Resulta extraño que durante ese sueño....- empezó a decir, pero Holm la interrumpió para corregir sus palabras.

- No lo recuerdo como un sueño- dijo. -Me sentía tan vivo como ahora mismo, aquí, sentado frente a usted. El hambre, el sueño, el peso sobre mis pies al caminar, todo ello eran sensaciones palpables. Y, a la velocidad que fuese, sentía que el tiempo transcurría como ahora.

- Entiendo- asintió Ada-, pero lo que quería decirle es que resulta extraño que no viese a nadie...no se, sus padres, su mujer, sus amigos, nadie apareció durante ese tiempo.

Holm cambió su posición en la butaca, cruzando las piernas en el otro sentido antes de responder.

- Sí -dijo-, puede que lo sea.

- ¿No echaste de menos el laberinto una vez atravesaste el espejo? ¿No quisiste regresar, abandonar aquel lugar tan desolado?

- Nada de eso. Era una soledad ignorada, imposible de percibir a falta de otras referencias. No sufrí emociones como el miedo, o la cólera, o la alegría. Yo era algo así como una función de equis, neutra y matemática. Equis tomó forma de laberinto, primero; luego de plano infinito, separado de aquel por un punto de inflexión, una discontinuidad representada `por el espejo que hizo que cambiase de actitud y de actividad.

Ada sonrió al oír la comparación. Holm, al comprobar que aquello no conducía a nada, y que aquella mujer era incapaz de darle explicación alguna, intentó acabar en seguida con la sesión.

- Más o menos lo que intentas ser tú cuando escuchas a tus pacientes- bromeó, y ambos sonrieron relajadamente, moviéndose en sus butacas e incorporándose lentamente.

- En fin, no pareces estar mal, teniendo en cuenta que han pasado cinco años.

Holm asintió, recogiendo su americana y dirigiéndose hacia la puerta. Ada le acompañó dándole algunas recomendaciones que escuchó por mera cortesía. "Al fin y al cabo, qué puede entender ella"- pensó mientras le decía adiós y la puerta se cerraba. Luego se dirigió hacia el ascensor y pulsó el botón de llamada.

Momentos después, la puerta se abría. Avanzó hacia el interior y pulsó el botón de la planta baja.
Mientras descendía observó su rostro en el espejo del habitáculo. No pudo reprimir sacar su mano derecha del bolsillo de su americana y presionar sobre el sólido cristal, aumentando progresivamente la fuerza de su empuje hasta escuchar un leve crujido. Luego introdujo de nuevo la mano en el bolsillo, forzándose a sonreír y a considerar la acción como una broma, como un juego.
Cuando el ascensor llegó a la planta baja, la puerta se abrió y Holm enfiló pacientemente el largo pasillo que conducía a la salida del hospital.

Al salir del edificio se detuvo unos instantes, observando la escena. Cientos de peatones caminaban por las aceras flanqueando una gran riada de automóviles.
Volvía a la escena, después de cinco largos años de ausencia, Cinco años que acabaron con el viaje de su conciencia al plano infinito donde había permanecido en absoluta paz hasta salir de su comatoso estado.

Ahora, allí, momentos antes de volver a sumergirse en aquella escena, sentía miedo.